Mi idea de Universidad

Creo firmemente en la Universidad como una organización de conocimiento cuyo principal objetivo es prestar un servicio público a la sociedad. Como organización de conocimiento está basada en el existente y es creadora y transmisora de nuevos conocimientos capaces de transformar económica y socialmente su entorno de influencia.

En consecuencia, considero que es una institución que debe estar centrada en las personas, las que hacen posible el proceso de generación de conocimiento a través de la investigación -creación-, la docencia -transmisión- y la transferencia -creación de valor económico y desarrollo social-. Pero no solo en las personas que forman parte de la propia universidad sino también en aquellas por las que la función que se realiza tiene sentido: las personas que utilizan los conocimientos, los asimilan, los incorporan en sus actuaciones poniéndolos en valor y mejorando la calidad de vida de la colectividad.

La Universidad debe comportarse con la máxima apertura, diluyendo los límites entre lo interno y lo externo, con el fin de captar las necesidades de los agentes económico-empresariales y sociales y los de la ciudadanía en general. Incorporar y atender las peticiones de la sociedad nos hace más responsables para la resolución de los problemas que son relevantes en cada momento y lugar, aprovechándonos de la visión global que nos proporciona la experiencia de trabajo en redes internacionales diferenciadas de alta especialización.

La investigación por desarrollar debería contemplarse desde la alta especialización en cada campo, pero rompiendo las barreras de la delimitación de áreas y considerando el conocimiento como un todo global y con múltiples interacciones entre hallazgos de distintos campos. Solo así se podrán abordar problemas multifacéticos con proyectos interdisciplinares. De esta manera la Universidad se convierte en una organización innovadora y socialmente relevante.

La tarea compartida de todos los que formamos parte de la Universidad permite abordar no sólo nuestras funciones fundamentales sino también llevar a cabo una gestión eficaz. Me gustaría pensar que es posible la gestión participativa y colaborativa, utilizando como mecanismo de coordinación la consecución de objetivos comunes, compartidos por todos, que hayan sido fijados por un proceso de diálogo y tras escuchar también las voces críticas que incorporan visiones diversas. Los principios éticos tienen que ser la base de cualquier decisión tomada en la gestión universitaria y la transparencia la seña de identidad de la forma de gobierno para estos próximos cuatro años. Como no somos una entidad que pueda trabajar al margen de los agentes externos, sé que las relaciones con las administraciones que nos financian tienen que estar basadas en la misma transparencia que necesitamos en el interior para la optimización de las decisiones y los comportamientos.